23 de octubre de 2023
Al final tuvo razón el Pepe Mujica: solo en argentina puede ganar un ministro de economía que tiene los índices de inflación y pobreza tan altos; y es porque el argentina existe un ser mitológico llamado peronismo que hace que lo voten los mismos a quienes están perjudicando la gestiones del gobierno.

Sergio Massa es el ministro de Economía de un país que tiene el 138% de inflación interanual, uno de los peores índices del mundo. Pero además, este abogado de 51 años entró como el más votado al balotaje –sacó más del 36% contra los 30% de Milei– gracias al respaldo del kirchnerismo, la fuerza con la que confrontó en el pasado y a la que ayudó a sacar del poder en 2015.
“El voto peronista es un voto sólido. Aunque está debajo de su piso histórico -nunca le fue tan mal como en estas elecciones-, de todos modos es un piso que resiste”, explica el sociólogo y politólogo Marcos Novaro, director el Centro de Investigaciones Políticas (Cipol). Por otra parte, la aparición de Milei -quien había dado la sorpresa al salir primero en las primarias- “dividió el voto opositor”, dice Novaro, lo que perjudicó a Patricia Bullrich, de Juntos por el Cambio, quien quedó fuera del balotaje al salir tercera, con menos del 24% de los votos.
La estrategia electoral de Massa apuntó a resaltar el impacto que tendría para muchos argentinos la propuesta del economista anarco-capitalista de reducir el Estado a un mínimo, y parece haber calado hondo entre una población que hoy depende fuertemente de la presencia estatal (desde la salud, la educación y el empleo público, hasta los subsidios al transporte y la energía). No obstante, su gran desafío de cara a una segunda vuelta será lograr atraer a los votantes de Bullrich, más cercanos ideológicamente a Milei.
Massa no es un peronista tradicional: su origen político es conservador liberal y propone recetas promercado.
Pero su principal característica ha sido el pragmatismo, que lo llevó a tejer alianzas con antiguos rivales, como Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y el actual presidente, Alberto Fernández, con quienes llegó al poder en 2019 con la coalición Frente de Todos. Aunque sus detractores cuestionan su credibilidad –lo apodan “panqueque”, por las veces que se ha dado vuelta políticamente, lo cierto es que esas alianzas lo llevaron al lugar donde está hoy.
“Fue una apuesta que le salió bien”, dice Facundo Nejamkis, director de la consultora Opina Argentina.
“Massa es el único (peronista) que tiene una vocación de liderazgo suficiente como para desafiar a Cristina Kirchner y el peronismo necesita un nuevo liderazgo, alguien que le muestra un norte, por ahí pasa su virtud”.
CUANDO SERGIO MASSA COMENZÓ SU CARRERA. Siendo apenas adolescente, en la década de 1990, cuando gobernaba Carlos Menem, otro peronista no tradicional, que aplicó políticas neoliberales. Su partido conservador liberal, la Unión de Centro Democrático (Ucedé), se fusionó con el menemismo y Massa se pasó oficialmente al Partido Justicialista (nombre oficial del peronismo). A pesar de su juventud, empezó a ganar poder político. A los 27, en 1999, obtuvo su primer cargo electivo como diputado provincial de Buenos Aires.
Y con solo 30 años fue nombrado, tras la crisis económica de 2001, director de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), que maneja el principal gasto público del Estado. Fue su trampolín político, el cargo que le permitió hacerse un nombre tanto entre el público general como en las altas esferas del poder. Ocupó ese puesto por cinco años, durante toda la presidencia de Néstor Kirchner. A pesar de que en el medio –en 2005- se postuló y ganó un lugar como diputado nacional en las listas del kirchnerismo, su candidatura terminó siendo «testimonial»: nunca asumió y su banca fue para otro de ese espacio.
Recién dejó la Anses en 2007 para asumir como intendente del municipio de Tigre, donde vive, en la próspera zona norte del Gran Buenos Aires. Sin embargo, llevaba apenas ocho meses en esa función cuando fue llamado para asumir su papel político más relevante hasta ese momento; Cristina Fernández -quien en 2007 había sucedido a su marido- lo nombró su jefe de Gabinete, tras la renuncia de Alberto Fernández (quien dejó el cargo que había ocupado durante el gobierno de Néstor Kirchner con fuertes críticas a su nueva jefa).
«Es para mí un orgullo y una satisfacción y aumenta mi responsabilidad», aseguró emocionado Massa al jurar en el cargo.

El flamante funcionario dijo que trabajaría duro para «devolverle a la presidenta la confianza» que había depositado en él, y en sus primeras declaraciones como jefe de Gabinete reveló una intimidad: que antes de tomarle juramento la mandataria le había dicho al oído, a modo de broma: «Tenés 30 segundos para arrepentirte».
Sería el comienzo de una relación plagada de idas y venidas.
Sergio Massa Anti-K
Massa estuvo un solo año en el cargo. Desencantado con la nueva dirección que había tomado el gobierno volvió a asumir la intendencia de Tigre en 2009, desde donde empezó a armar su propio espacio político de la mano de su esposa, Malena Galmarini, una política proveniente de una familia con larga trayectoria en el peronismo. Antes de irse volvió a postularse como candidato «testimonial» en las elecciones legislativas de ese año, obteniendo otra vez un escaño en la Cámara de Diputados que no ocupó.
Tras dos años afianzando su poder en su bastión, Tigre, logró una contundente reelección como intendente, con más del 70% de los votos. Parte de su éxito se debió a las políticas de seguridad que lograron bajar las tasas de robos -como la implementación de cámaras en la vía pública- propuestas que hoy presenta a nivel nacional como candidato presidencial.
Pero esta no es la primera vez que Massa se postula a la presidencia de Argentina.
Tras abandonar el kirchnerismo formó su partido propio -el Frente Renovador– y se alzó como el principal rival interno, dentro del peronismo, de la fuerza liderada por Cristina Fernández. Primero, en 2013, obtuvo -y finalmente ocupó- una banca como diputado nacional, una victoria que supuso un duro golpe para CFK, ya que Massa venció al candidato de la presidenta.
Pero la rivalidad alcanzó su punto culminante en las elecciones presidenciales de 2015, en las que Massa se presentó como candidato contra Daniel Scioli -elegido como sucesor de Kirchner-, y Mauricio Macri, de la coalición de centro derecha Cambiemos. Los más de 21% de los votos que obtuvo Massa -quien salió tercero detrás de Macri y Scioli- solidificaron su posición como un actor relevante en la escena política nacional.
Y el apoyo de Massa a Macri en la segunda vuelta, que contribuyó a la victoria del opositor, también ahondó las diferencias con su exjefa política. En la antesala de los comicios legislativos de medio término, en 2017, Massa criticó en duros términos la postulación de CFK como senadora. “YO CON EL KIRCHNERISMO NO VOY NI A LA ESQUINA porque van a las elecciones en busca de fueros”, dijo, acusando a Cristina Fernández de presentarse como candidata para buscar inmunidad parlamentaria ante una eventual condena de la justicia por corrupción.

Bueno, parece que Sergio Massa que se jacta de que siempre tuvo la misma convicción…que decirte, el tipo estuvo un ratito en cada vereda, pero dice tener la misma convicción…debe tener razón el pepe Mujica en que en argentina tenemos un mito llamado peronismo que todo lo puede.

