Varios estudiantes fueron secuestrados y torturados en la última dictadura militar. Seis de las víctimas aún continúan desaparecidas.
El 16 de septiembre de 1976, en plena dictadura militar, tuvo lugar uno de los episodios más trágicos de la historia nacional, conocida como “La Noche de Los Lápices”.
Luego de una protesta en reclamo del Boleto Estudiantil Secundario (UES) para conseguir que sea gratuito, varios alumnos de La Plata fueron secuestrados de sus domicilios por miembros del Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y por agentes de la Policía de la provincia de Buenos Aires, entonces liderada por Ramón Camps.
Todos ellos, de entre 16 y 18 años, integraban la Unión de Estudiantes Secundario (UES), que funcionaba como una organización de acción política de Montoneros, la guerrilla peronista surgida en la década del 70. A excepción de Pablo Díaz, que había pasado a la Juventud Guevarista.
Sin embargo, lejos de participar del combate armado, sus tareas se limitaban a los centros de estudiantes. También formaban parte de campañas de alfabetización en barrios precarios. Su último objetivo, que les costó ser secuestrados, fue recuperar el Boleto Estudiantil Secundario, que había sido conseguido en 1975 y luego suspendido en agosto de 1976.
Después de que se conociera el hecho, el sangriento operativo ilegal fue bautizado por un comisario de la Policía bonaerense como “La Noche de los Lápices”, en referencia a que todas las víctimas eran estudiantes.
En la noche del 16 de septiembre, fueron secuestrados Claudia Falcone (16 años), Francisco López Muntaner (16 años), María Clara Ciocchini (18 años), Horacio Ungaro (17 años), Daniel Racero (18 años) y Claudio de Acha (18 años). Un día después, sufrieron lo mismo Emilce Moler (17 años) y Patricia Miranda (17 años), mientras que Pablo Díaz (19 años) fue detenido el 21 de ese mes. Un poco antes, el 8 de septiembre, había sido secuestrado Gustavo Calotti (18 años).
Siguen desaparecidos: María Ciocchini, Horacio Ungaro, María Falcone, Claudio De Acha, Daniel Racero y Francisco Muntaner
Desde 1998, cuando se promulgó la Ley Nacional N° 10.671, se conmemora cada 16 de septiembre el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios. Además, los nombres de varias de las víctimas le dan nombre a escuelas y aulas de todo el país.
En 2014, se oficializó la ley que estableció el 16 de septiembre como Día Nacional de la Juventud “en conmemoración de la denominada Noche de Los Lápices”, según dispone el Artículo 1°.
Crudos testimonios de algunos sobrevivientes
En el Juicio a las Juntas de 1985, Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de “La Noche de los Lápices” testificó y brindó un crudo relato del trágico episodio: “Yo estaba durmiendo, siento ruidos, como que golpean la puerta. Al portón grueso le pegan culatazos. Los vi y tenían puesto un pasamontañas en la cabeza. Me agarraron y me tiraron en el piso. Dijeron: ‘Ejército argentino’”.
“Me desnudaron y me pusieron en un catre. Yo seguía gritando. Me dijeron que me iban a dar una sesión de tortura para que no me olvidara. Me quemaron los labios. Se sentía olor a carne quemada cuando me aplicaban la picana. Me pedían a cada rato que les diera nombres”, continuó.
De María Clara Ciocchini, una de las desaparecidas, recordó: “Le pidió a uno de los guardias que no la tocara más, que la matara, pero que no la tocara más”.
Puesto a disposición del PEN, a Pablo lo trasladaron a la Unidad 9 de La Plata, de donde salió con 22 años. Nunca volvió a la escuela. Hasta que en 2022, a los 64 años y a través del programa FINes, logró finalizar los estudios secundarios. La última materia fue matemática, y la aprobó con 7.
Emilce Moler, otra de las sobrevivientes, años más tarde, se animó a contar su historia. Lo hizo en reiteradas oportunidades e incluso escribió un libro, La larga Noche de los Lápices, siempre dando detalles del terror que vivió: “En la madrugada del 17 de septiembre entró a mi casa una patota armada de encapuchados. Preguntaban por una estudiante de Bellas Artes. Cuando aparezco yo, que era muy pequeña en estatura, de 17 años y en pijamas, quedaron sorprendidos”.
“En el centro clandestino de detención de Arana, en La Plata, estuvimos casi una semana, en las peores condiciones que se puede imaginar que un ser humano le hace a otro. Nos torturaban con todo el sadismo. Recuerdo que había un hombre enorme que me pegaba fuertemente todo el tiempo”, rememoró.
Las cosas empeoraron cuando se enteraron de que era hija de un ex policía, porque el padre la estaba buscando.
El 23 de septiembre, la sacaron junto a otros estudiantes en un camión, los llevaron al pozo de Quilmes y después a otro centro clandestino en Valentín Alsina.
Luego, en enero de 1977, pasó a ser una “presa legal”, y pasó a disposición del poder ejecutivo nacional (PEN), por lo que la llevaron a la cárcel de devoto en enero de 1978.
A los 19 años, pudo salir de la cárcel con un régimen de libertad vigilado, no podía hacer lo que quisiera…
Las autoridades no le permitieron volver a vivir en la ciudad de La Plata por considerarla una persona “demasiado peligrosa” y quedó bajo el cuidado de sus padres, que debieron rematar las pocas cosas que tenían para venir a vivir a Mar del Plata.
Fines de 1978, pudo rendir todas las materias libres para obtener su título secundario.
Una de las condiciones impuestas por el régimen de libertad vigilada era que no podía estar en grupos grandes. Por lo que tampoco le permitían ir a la universidad.
Hasta que pudo convencer a quienes la custodiaban, diciéndoles que matemáticas era una carrera con pocos estudiantes. Fue así que, en 1979 pudo rendir el examen de ingreso en la Universidad Nacional de Mar del Plata y obtener el título de profesora en matemáticas.
Pero no fue lo único que estudió, continuó destacándose como docente e investigadora, ahora además es Doctora en Bioingeniería por la Universidad Nacional de Tucumán, y tiene maestría en epistemología.
Emilce Moler se sigue considerando una militante política, una abuela militante, y todos los años, los 16 de septiembre, vuelve a La Plata para participar de las actividades en memoria de la Noche de los Lápices para hablar con los jóvenes que tienen la edad que tenía ella cuando fueron secuestrados.

