Las calles y las plazas de Teherán amanecieron militarizadas el sábado, 16 de septiembre. Mahsa Amini, la joven kurda de 22 años murió bajo custodia policial, tres días después de haber sido detenida por la “policía de la moral”, por no llevar bien puesto el velo islámico como lo dicta la interpretación de las normas religiosas de la República Islámica iraní. Las autoridades niegan haberla golpeado.
Su muerte causó tal rabia que fue el detonante de las movilizaciones más importantes contra el régimen teocrático de las últimas décadas. Al movimiento impulsado por las mujeres se unieron hombres, estudiantes y trabajadores. Los integrantes de la familia no han podido conmemorar públicamente a Mahsa Amini porque actualmente están bajo arresto domiciliario, según reportó la organización Iran Human Rights. Las fuerzas de seguridad le impiden a Amjad Amini que visite la tumba de su hija en el aniversario de su asesinato, denunció la organización.

